Oro Azul De Niltepec Oaxaca “Añil” Colorante Natural.

Adrian Mendez
Miembro de «Magia y maravillas de México”

En riesgo de extinción, el oro azul de Niltepec, en el estado de Oaxaca, México.
Lo llaman el “oro azul” y es el añil, un colorante natural que se obtiene del Jiquilite, una planta de pequeñas e infinitas hojas verdes que se cosecha únicamente en los cerros de Santiago Niltepec, un poblado del Istmo de Tehuantepec, su producción es totalmente orgánica y artesanal y se usa para teñir prendas de algodón e hilos, inclusive empresarios lo adquieren para el teñido de la mezclilla.

Antiguamente, era increíblemente caro debido a su gran resistencia a la luz. … El añil va asociado al sexto chakra (ajñá-chakra o tercer Ojo). Representa la espiritualidad relacionada con los hechos de la vida, el conocimiento y la percepción.

Una parte importante del proceso para obtener el tinte es oxigenar la planta remojada en piletas que datan de hace 100 años. La producción del añil orgánico poco a poco se ha ido perdiendo. Sin embargo, los últimos 20 productores de Santiago Niltepec, Oaxaca, siguen resistiendo y así lo muestran en la fuerza que aplican en el remo en el proceso de oxigenación para la elaboración de este producto que se obtiene de la planta del Jiquilite.

Este cultivo tiene su particularidad y es en el cerro del Añil o Niltepec, en el oriente del istmo, el terreno adecuado para su producción, y así ha sido desde tiempos ancestrales. Sin embargo, cada año el número de productores va decreciendo, y en este año únicamente se sembraron 14 hectáreas, ya que no cuentan con el apoyo de ningún programa de gobierno.

Este trabajo ha sido de antaño. Ya las personas que se dedicaban al 100 por ciento a esta extracción, pues, ya están falleciendo, ya están grandes, ya no lo pueden trabajar. Entonces, ha habido compañeros que no han dejado morir este conocimiento, lo han seguido practicando”, explicó Arbid Vázquez Fuentes, productor de añil.

A pesar de las dificultades que enfrentan los productores de Niltepec, aún utilizan las piletas construidas desde hace más de 100 años, para producir añil de manera artesanal. La escasez de lluvia, el alto costo de producción, y la venta de productos industrializados son tan sólo algunos de los factores que han afectado a la producción.

Hasta 30 mil pesos pueden invertir los artesanos para el proceso del tinte que se usa para textiles. COSECHA. En el cerro del Niltepec se cultiva el xiquilite, y son los peones quienes lo acarrean. PROCESO. Se ponen hasta 100 racimos de la planta. Cinco kilos de añil salen de una hectárea. PIEZAS. Al final, el añil tiene la forma de una piedra de color azul oscuro.

“Anteriormente comentaban los señores que dejaron de producirlo porque entró el colorante sintético, que es un poco más barato, pero el artesano ya se dio cuenta que el sintético no es calidad para ellos, se volvió a retomar la producción de añil que es orgánico 100%, señaló.

El trabajo es arduo y el ritmo es constante para obtener entre cuatro a cinco kilos en una jornada de trabajo, que en el mercado tiene un costo entre mil 800 a dos mil 500 pesos por kilogramo, y este material es utilizado para teñir telas artesanales; en algún tiempo fue utilizado por un fabricante de mezclilla.

Todo comienza desde el conocimiento, que ponemos la planta a remojar. Nosotros decimos que se está cociendo, nada más que como es en frío, entonces cuando deja de hervir, deja de subir burbujas, y el agua se queda mansa. Entonces, decimos que ha llegado a su punto final o su cocimiento exacto, y la pasamos a la pileta de batido y en donde ya cae, empieza hacerse la lejía espumosa y la tarea es desvanecer toda la espuma, que quede el agua, el agua natural. Pero cuando la bajamos, es color amarilla lejía de cal, entonces con las paletas empezamos a trabajarla, a introducirle oxígeno, cada golpe es introducir oxígeno para que el agua se esterilice y empiece a cambiar la tonalidad de color, del amarillo pasa a ser verdosita, del verdoso pasa a ser verde turquesa y hay plantas que llegan a dar azul maya”, indicó Pedro González Rodríguez, quien heredó la técnica para la fabricación de sus abuelos.

Cada productor invierte recursos, desde el pago de peones en los cultivos, acarreo de la planta en carretas y los artesanos que hacen el trabajo.

“Hoy en día es un trabajo, una fuente de empleo para nuestro pueblo. Me gustaría que los jóvenes pudieran aprender”, destacó.

Y así, sólido, como si fuera un pedazo de roca expuesta al sol, queda el añil, y que en este pueblo indígena es conocido como “el oro azul”.

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